La guerra en Medio Oriente tiró al precio del oro
- Redacción - El Cambio

- hace 2 días
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En enero de este año el oro llegó a los 5 mil 600 dólares la onza, logrando un récord histórico. Y durante varios meses, muchos inversionistas indicaban que era uno de los principales activos refugio y una reserva de valor histórica.
Hoy, seis meses después, ya perdió más de un cuarto de ese valor. Los mismos inversionistas que lo defendían ahora se preguntan si ya tocó fondo o si todavía puede seguir cayendo.
Lo anecdótico del oro es que el motivo por el que subió es casi el mismo por el que después empezó a bajar. Hubo guerra, hubo miedo, y el oro hizo lo que siempre hace cuando el mundo y la economía se ponen complicados: subir.
Pero esa misma guerra, más allá de empujar el oro, empujó el petróleo hacia arriba, el petróleo metió presión inflacionaria, y una inflación más alta obliga a la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos a no soltar las tasas de interés.
Es ahí donde el oro se quedó sin argumentos: si guardar dólares te da rendimiento y guardar oro no te da nada, la relación entre riesgo y oportunidad empieza a cambiar para los inversores.
“El oro y el euro están respondiendo, en el fondo, a la misma pregunta: ¿qué va a hacer la Fed en los próximos meses?"
Por otro lado, el euro y el dólar seguían con lo suyo. Todo el año el EUR/USD subió, bajó, volvió a subir. Llegó a rozar 1.20, después cayó hasta 1.14, y en el medio dejó a más de un trader mirando el techo a las tres de la mañana.
No es capricho del mercado, es “aritmética” o reflejo de la diferencia de expectativas entre bancos centrales: el BCE viene subiendo tasas, ya en 2.40 por ciento , la Fed las tiene clavadas en 3.75 por ciento, y la inflación en Estados Unidos todavía le gana a la europea. Ninguno de los dos bloques termina de convencer al mercado de quién va a ganar la pulseada.
Y ahí aparece el punto en común que casi nadie nota: el oro y el euro están respondiendo, en el fondo, a la misma pregunta: ¿qué va a hacer la Fed en los próximos meses? Cuando bajó la chance de que suba tasas en su próxima reunión —de 39 por ciento a apenas 16 por ciento, tras un dato de inflación más flojo de lo esperado— el mercado lo leyó como un respiro.
Y ese respiro es justo lo que el oro necesitaba para volver a levantar cabeza. Ahora el conflicto en Medio Oriente sigue latente, el petróleo sigue nervioso, y nadie en la Fed parece dispuesto a bajar la guardia todavía, como siempre, están esperando los datos reales para tomar una decisión.
El oro se ha quedado en una especie de zona gris: ni cae lo suficiente como para asustar a los que ya vendieron, ni sube lo suficiente como para convencer a los que dudan.
“Esa es, al final, la gracia (y el problema) de estos dos mercados: nunca terminan de contar la historia completa”.
Del lado del euro, algunos bancos ya se animaron a poner números: Deutsche Bank habla de 1.25 para fin de año1, Morgan Stanley se juega por 1.302. Son expectativas ambiciosas, que descuentan una posible mejora relativa de Europa frente a Estados Unidos, aunque dependen completamente de cómo evolucionen las políticas monetarias de ambos bloques.
“Son expectativas fuertes, casi de casino, que dan por hecho que Europa le va a seguir ganando la pulseada a Estados Unidos.” Puede ser. O puede que la Fed cambie de opinión en cualquier reunión y todo este pronóstico se vaya al tacho. Esa es, al final, la gracia (y el problema) de estos dos mercados: nunca terminan de contar la historia completa.
Escribe Neisser Sotomayor, economista y especialista en mercados financieros, para ActivTrades
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