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La primavera que no llega a la cuna de la paternidad

Foto del escritor: Nacho Rebelde
Nacho Rebelde
hace 3 horas
2 min de lectura

En el Segundo Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo escuché hablar de “primavera laboral”: salarios más altos, empleo formal en máximos históricos, jornada de 40 horas en camino. 


Reconocí esos avances en mi columna anterior, y los sostengo. Pero hay una pregunta que el informe no respondió, y que hoy quiero dejar clavada: ¿de qué sirve ganar más, si el tiempo para estar presente en la vida de un hijo sigue sin repartirse con justicia?



Los números no mienten, y ya los revisamos: doce semanas de licencia para las madres, financiadas por la seguridad social. Cinco días para los padres, pagados directamente por la empresa. 


Esa diferencia no es un detalle técnico ni un descuido legislativo — es una decisión de política pública que lleva años sin corregirse, y que ningún informe de gobierno ha

puesto todavía sobre la mesa.


Aquí está el dato que más peso tiene en este argumento: el propio análisis del IMCO señala que contratar a un hombre o a una mujer representa el mismo costo en aportaciones a la seguridad social para las empresas. Si eso es cierto —y lo es, según esos mismos datos— entonces no hay una razón técnica clara para que un permiso se financie de forma colectiva y el otro no. 


Lo que queda, más que una explicación única, es una pregunta abierta que ningún rediseño del sistema ha respondido todavía: por qué esta asimetría se ha sostenido durante tantos años sin que ninguna de las partes involucradas —empresas, instituciones, legisladores— la haya corregido.


Y mientras tanto, ¿quién carga con el costo real? Las madres, que siguen siendo las responsables casi únicas del cuidado en los primeros meses de vida de un hijo.


Las familias, que organizan su economía alrededor de una licencia que sabe corta desde el diseño. Y también los padres —muchos de los que conozco, compañeros de tantos años de turno— que quieren estar presentes y no pueden, porque la ley no se los permite sin arriesgar el sueldo.


No pido que se borre la “primavera laboral” del discurso público. Pido que se complete. 


Que la próxima vez que se presenten cifras de bienestar laboral, se incluya también esta: cuántos días tiene un padre trabajador para sostener a su familia en el momento en que más lo necesita. 


Hasta que esa cifra cambie, la primavera de la que tanto se habla no ha llegado todavía a la cuna.


Sigo insistiendo en lo mismo que dije la primera vez que escribí sobre esto: no es un tema de ternura familiar, es un tema de justicia laboral. Y la justicia laboral, en este país, todavía tiene una deuda pendiente con los padres.


Por Reivindicación Sindical (RS) | Nacho Rebelde


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