Cinco días no son un permiso, sino una burla para la paternidad

hace 4 horas
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Veinte años en la línea me enseñaron que el trabajo no termina cuando suena la sirena de
salida. Termina cuando llegas a casa y alguien más te necesita. Por eso hablo hoy de otro turno: el que empieza cuando nace un hijo o una hija, y del que a los padres en este país apenas se les deja sostener cinco días.
Cinco días, pagados directamente por la empresa, no por la seguridad social. Y mientras 131 de 193 países en el mundo ya reconocen algún tipo de licencia de paternidad, aquí seguimos tratándola como un gesto simbólico, casi de cortesía.
El asunto se vuelve más cínico todavía cuando revisamos el detalle fino: 23 entidades del país sí ampliaron este derecho, pero exclusivamente para quienes trabajan en el sector público.
Para el resto —fábricas, comercios, oficinas privadas, es decir, la mayoría de quienes trabajamos en este país— la Ley Federal del Trabajo sigue exactamente igual.
El derecho existe en el papel, pero se reparte según a quién le convenga otorgarlo, no según lo que las familias realmente necesitan.
La comparación es brutal: una madre trabajadora cuenta con doce semanas financiadas por el sistema de seguridad social. Un padre trabajador cuenta con cinco días, pagados por su patrón. La diferencia no es solo de tiempo, es de quién carga el costo.
Las empresas aportan lo mismo a la seguridad social sin importar si contratan a un hombre o a una mujer, pero solo un permiso se financia con ese fondo colectivo.
El otro se lo carga la empresa sola, como si cuidar fuera un favor personal y no un derecho.
Esta asimetría no beneficia a nadie que de verdad quiera estar presente.
Las madres siguen cargando solas con el trabajo de cuidado, y el reparto desigual del cuidado se traduce en reparto desigual del trabajo, el salario y el ascenso. No es un tema de ternura familiar: es justicia laboral e igualdad de género, con números
detrás.
Por eso vale la pena tomar en serio lo que ha planteado el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO): tres escenarios distintos para ampliar los permisos de paternidad, construidos a partir de estadísticas de natalidad y registros del propio sistema de seguridad
social, no desde el discurso o la buena voluntad.
Las tres rutas coinciden en algo esencial: hace falta repensar quién financia este
derecho, mejorar los registros sobre padres trabajadores y el uso efectivo del permiso, y homologar de una vez las reglas de operación entre los esquemas de maternidad
y paternidad, que hoy hablan idiomas institucionales distintos.
No pido que se regale nada. Pido que se reconozca lo que sabemos quiénes hemos estado
del lado de la línea: un trabajador presente en los primeros días de su hija o hijo no es un trabajador debilitado, es un trabajador con raíces.
Cinco días no alcanzan. Y mientras sigamos fingiendo que sí, la desigualdad seguirá teniendo turno fijo.
Por Reivindicación Sindical (RS) | Nacho Rebelde
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