El motor del consumo de lujo mundial entra en fase de desaceleración por China

hace 6 días
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El sector del lujo lleva meses en un punto crítico en el que muchos inversores no terminan de encajar.
Tras un periodo pospandemia de Covid-19 de crecimiento vertiginoso empujado por el rebote del consumo en Asia —especialmente en China—, el motor parece haber entrado en fase de desaceleración.
Los últimos resultados muestran una recuperación desigual dentro de Asia y entre compañías, más que una retirada generalizada del consumidor.
La pregunta que flota en el mercado es evidente: ¿ha terminado definitivamente el ciclo de recuperación asiático o estamos ante una simple pausa digestiva dentro de una tendencia de fondo más amplia?
Para responder con criterio conviene alejarse del ruido macroeconómico de los titulares y centrarse en lo que verdaderamente dicta la salud de una cotizada: la fuerza relativa de su gráfico, la dirección de la media móvil ponderada de 30 semanas, la evolución de sus resultados empresariales y la mano fuerte institucional.
No todas las firmas de lujo responden igual ante un entorno de menor dinamismo en Oriente.
LVMH ha sido históricamente el termómetro global del sector. Sin embargo, su evolución técnica muestra señales claras de agotamiento.
Tras perder la media de 30 semanas y acumular semanas de comportamiento relativo inferior respecto al mercado europeo (Stoxx 600), el gigante del lujo muestra que el inversor institucional está retirando peso progresivamente.
El consumidor asiático, clave para sus líneas de mayor volumen, ha cerrado el grifo ante las incertidumbres inmobiliarias y laborales en su región. Eso no significa, sin embargo, que el deterioro técnico pueda atribuirse únicamente al consumidor asiático.
En el primer semestre de 2026, LVMH señaló que Asia, excluyendo Japón, registró un fuerte crecimiento, confirmando la mejora observada desde la segunda mitad de 2025.
El problema para el inversor es, por tanto, distinguir entre una recuperación operativa y una cotización que todavía no consigue recuperar fortaleza frente al mercado.
En una situación similar se encuentra Hermès, aunque con matices. A pesar de contar con un perfil de cliente mucho más exclusivo e inmune a las crisis, la cotizada ha mostrado un claro deterioro técnico en los últimos meses, entrando en fases de consolidación que han derivado en correcciones relevantes.
Ese comportamiento contrasta con unos fundamentales todavía sólidos: Hermès alcanzó 8 mil 163 millones de euros de ventas en el primer semestre de 2026 y mantuvo una rentabilidad operativa recurrente del 41 por ciento.
Cuando un valor pierde fuelle pese a mantener resultados empresariales robustos, y sin una justificación clara, el gráfico nos está avisando de que ni siquiera el máximo exponente de la exclusividad puede escapar a la rotación de capitales.
Se nos está avisando de que el mercado está reduciendo la prima que estaba dispuesto a pagar por ese crecimiento, aunque eso no implique necesariamente una retirada estructural de los inversores institucionales.
En la otra cara de la moneda tenemos a Richemont y Ferrari. En el caso del conglomerado suizo (propietario de Cartier), el comportamiento relativo en mercado ha mostrado una mayor resiliencia frente a sus competidores franceses, aguantando mejor las zonas de soporte clave.
Los fundamentales también respaldan esa diferenciación: en el trimestre terminado en junio de 2026, Richemont aumentó sus ventas 20 por ciento a tipos de cambio constantes, con Asia-Pacífico creciendo 21 por ciento y las Jewellery Maisons 24 por ciento. Por su parte, Ferrari juega en una liga completamente diferente.
La firma italiana no depende en la misma medida del flujo comercial tradicional ni del consumo masivo de lujo ligado a la moda, la marroquinería o la relojería.
Con una producción deliberadamente limitada, genera una cartera de pedidos sólida a través de listas de espera de varios años y un poder de fijación de precios extraordinario.
Su estructura técnica se ha mantenido dentro de una tendencia alcista primaria envidiable, demostrando una fuerza relativa impecable. Para el mercado, Ferrari no es una marca de moda: es un activo de colección con ruedas y esa diferencia se nota.
El ciclo de recuperación acelerada del consumo asiático posterior a la pandemia parece haber cambiado su naturaleza y ha llegado a su fin tal y como lo conocíamos. Ya no vale comprar el sector del lujo a bulto esperando que todo suba por inercia o acompañando a los máximos de Europa (mayormente es el sector financiero el que tira).
La liquidez global se ha vuelto selectiva. Como norma de gestión de riesgos, mientras LVMH o Hermès no recuperen la media de 30 semanas con volumen y vuelvan a mostrar una fuerza relativa positiva (Mansfield mayor que cero), la prudencia debe mandar.
En el mercado actual, la clave no es adivinar cuándo volverá el comprador chino, sino estar posicionados en aquellos títulos donde el dinero institucional sigue apostando con claridad. Vamos, lo de siempre.
Javier Alfayate, gestor de fondos de inversión en Grupo Link, escribe para ActivTrades

















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